Nostalgia donostiarra

Una prueba de que la globalización ha llegado a nuestra ciudad, después de haber hecho un largo y difícil viaje desde distintos puntos lejanos del planeta, después de haber atravesado las montañas que nos rodean y a veces nos aíslan del mundo, es entre otras cosas, la iniciativa de juntar a todos aquellos que vivimos parte de las noches y fiestas de nuestra adolescencia en los bares de La Zona. Si bien la nostalgia no es una característica propia de los donostiarras, parece que la globalización nos la ha acercado un poco y junto al año de la capitalidad cultural, nos la está haciendo sentir a muchos. En distintos foros y periódicos de la ciudad aparecen estos últimos días artículos a cerca del porqué de la desaparición de una zona de ambiente y punto de encuentro entre los jóvenes que tuvo Donosti. A esta desaparición se le atribuyen muchas razones, pero no he escuchado una que en mi caso, fue la que me hizo comenzar a frecuentar otros lugares, como por ejemplo la parte vieja como lugar de reunión y fiesta. Mi razón fue el comienzo del fin de la kale borroka y el terrorismo.

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La orquesta muda

Aunque la magia del amanecer la podemos encontrar cada mañana, el domingo es un día especial para ello.

Me contó que salió temprano a comprar el desayuno, levantó la mirada al cerrar la puerta de casa y se percató de una primera misteriosa presencia, el silencioso caminar de un joven cargando a sus espaldas una la pesada funda de violonchelo. Caminaba despacio, mirando al suelo. Unos pasos más allá aparecieron una chica y un chico, cada uno con su violín.

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Pitillos

No me refiero a esos pantalones que han estado tan de moda entre hombres y mujeres, en que los nos hemos visto embutidos casi todos nosotros, no. Me refiero a los cigarrillos, al tabaco, a esos canutillos hechos de papel y rellenos de una hierba que en alguna medida también tiene a muchos fumadores embutidos en cierta incomodidad, de la que les resulta difícil deshacerse.

Creo que todos conocemos a alguien que fuma, a alguien que ha dejado de fumar y a alguien que ha intentado muchas veces dejarlo y todavía no lo ha conseguido.

¿Qué tiene el tabaco que resulta tan difícil dejar de consumirlo? Sabemos que es una sustancia adictiva, sin embargo también sabemos que lo más difícil de superar en este caso es la adicción psicológica, ese enganche a lo que creemos que nos da, que buscamos más allá del bienestar o del malestar que provoca.

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Soluciones

No me leas si esperas encontrar soluciones a tus problemas, si piensas que te diré algo nuevo que nunca nadie haya dicho antes, si crees que quizás hoy hablaré de ti.

Léeme si te quieres dar un paseo, si te apetece alegrarte, enfadarte, asentir o disentir, si quieres sentir que no eres el único que siente que no todo encaja, que no siempre sale todo como uno quiere y a pesar de eso se mantiene tu sonrisa.

Sigue leyendo si crees que cambiar una pequeña cosa puede cambiar tu día, si variar tu rutina te pone alegre y arriesgarte te da oxígeno. Si privarte de cosas que te apetecen te sorprende y te hace sentir más ligero, si a veces el frío te gusta igual que te gusta el calor de una chimenea. Si te hace sentirte vivo cuando confías en otro y pones tu vida en sus manos, si cruzas los dedos cuando confías en alguien y a pesar de eso cierras los ojos rogando que todo salga bien.

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Reencuentros

Aunque el otro día me sorprendió el reencuentro, en realidad es algo que me viene pasando desde hace algo más de dos años, desde que volví a la ciudad donde viví gran parte de mi infancia, la ciudad a la que siempre vuelvo. Son reencuentros que me hacen volar al pasado por un segundo, quizás solo por el tiempo que dura un pestañeo, pero que te dejan como cuando tienes jet lag, ni aquí ni allí.

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Respiro

Hay cosas en la vida de cada uno que están tan integradas que ni siquiera nos planteamos su significado, su beneficio o su utilidad. Yo hoy me planteo la función que tiene para mí escribir en este periódico, como forma de hacerles plantearse, a ustedes los lectores, la continuidad de algo que siempre les acompaña.

Cuando me siento a escribir esta columna me siento libre para elegir el tema del que quiero hablar. Me inspiro en algo que me haga sentir mariposas en la tripa, ese vértigo que acelera mi respiración, también hace que la retenga, que respire hondo incluso, sin sentir que eso sacia mi necesidad de oxigeno. Si dejo que mis dedos vuelen por el teclado, sabiendo la idea que quiero plasmar, sé que todo irá bien.

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El Nuevo Bienestar

Creo que el dicho “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces” deja bastante en evidencia cómo nos encontramos hoy en día.

Somos la sociedad mejor informada, la que tiene mayor facilidad para acceder a la sanidad y los recursos que nos han dado años de evolución y desarrollo, y sin embargo nunca antes había existido una sociedad que invirtiera más tiempo y más recursos en su bienestar “espiritual”. Nunca antes se habían consumido tantos fármacos con el mismo fin, nunca antes se habían diagnosticado tantos trastornos que tienen que ver con el malestar subjetivo.

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La Fe

Recién estamos saliendo de La Semana Santa, esos días del año, junto a la época Navideña, en que parece que la fe cristiana se encuentra más visible para todos.

La Semana Santa y los últimos acontecimientos relacionados con las cuestiones religiosas me han llevado a hacerme algunas preguntas que seguro más de uno de ustedes también se ha hecho.

¿Es la fe exclusiva de las religiones? ¿Se puede enseñar a tenerla? ¿Es algo que se puede perder y volver a encontrar? ¿A qué se tiene fe verdaderamente? ¿Cuando alguien dice creer en alguien, se le puede llamar a eso fe? ¿No es el destinatario de la fe más bien una idea que una persona? ¿Y esa idea no está hecha a nuestra medida, a la medida de cada uno? ¿En qué se diferencia la fe de la esperanza? ¿Y de la confianza? ¿Es más susceptible de manipulación aquel que cree ciegamente en algo? ¿Si la fe puede ser nuestra salvación, porqué se muere y se mata en su nombre?

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El Camino

Esta mañana sales de casa sin pensar en nada en concreto, sin rumbo, aunque tienes muchas cosas que hacer, muchas cosas que atender, pero dejas que tu mente vuele, como tus piernas, porque quieres escuchar el ruido de la ciudad, ese ruido silencioso de los amaneceres y de los madrugadores: el trote amortiguado de las zapatillas del corredor, el cric cric de la bici del vecino que sale cada mañana a la misma hora que tú y que te saluda con una mirada, el viento fresco que te azota levemente y que te hace mirar al cielo y comprobar que hoy también lloverá aunque no todavía, pero no te importa, porque tienes una recta por delante de ti, no hay mucha opción, el camino es el que es, puedes elegir esta acera o la otra, pero tu destino está siete semáforos más allá, aunque no es el momento de pensar qué hay más allá de esas luces. Sigue leyendo

Morir de Vergüenza

“Vergüenza”, “El pacto de la vergüenza”, “Vergüenza de ser europeos”. Son sólo tres titulares de los periódicos de los últimos días describiendo el sentimiento que genera la situación que están viviendo los refugiados en Europa con nuestro consentimiento.

Yo pensaba que la vergüenza estaba cayendo en desuso, ya pocos la sienten, casi nadie habla de ella en primera persona y además la desafían constantemente en las redes sociales, retándola a aparecer, con resultados más bien escasos

Pero parece que todavía queda algo de honor en algunos corazones, en algunas conciencias, y que esta vez no sólo han conseguido sacarla a la luz, sino hacerle frente, aunque todavía no sepamos cómo.

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