Arrepentidas

Hoy voy a tocar un tema polémico que vive sólo en el interior de las protagonistas de un sentimiento socialmente inaceptado.

La socióloga Ornah Donath ha publicado un libro que refleja un estudio que ha realizado sobre mujeres que han elegido no tener hijos y sobre “madres arrepentidas”. Es la primera vez que fuera de la literatura o el cine alguien hace visible desde este punto de vista el estrago que puede suponer la maternidad en una mujer.

Si bien la mujer que decide no tener hijos ejerce su libertad de decisión, la “madre arrepentida” suscita muchos interrogantes, escándalo, rechazo y alboroto a todos los niveles y ámbitos. Si bien no existe la madre mentalmente sana que no quiere a sus hijos, sí existe la madre que si tuviera que volver a elegir, elegiría no tenerlos: lo he escuchado muchas veces en mi consulta, muchas, y generalmente es la causa del malestar que les trae a ella. No saben cómo compatibilizar ser mujer con ser madre, sienten haber renunciado a todo lo que ellas son, haberse traicionado a sí mismas, perdido lo que a veces han conseguido con mucho esfuerzo. Conviven entre la alegría de los logros de sus pequeños y la frustración de sus propios fracasos. Entre la salud y los progresos de sus hijos y el paulatino deterioro de su estado anímico. Sustituyen sus amistades por las que les brindan sus hijos. Sus dificultades quedan arrinconadas en pro de los que aún tienen por ver cuáles serán las suyas.

A todo esto se le añade un esfuerzo descomunal por mantenerse a raya en cuanto a las exigencias sociales y familiares. Estas mujeres sufren por un arrepentimiento con el que la mayoría apechuga hasta el día de su muerte o hasta el día en que se sientan frente a alguien que las escucha y que no las juzga.

Duérmete mi Niño

Reconozcámoslo, no lo esperábamos. Tanta exigencia, tantas tareas, tanta cosa nueva sin manual de instrucciones, tanta prisa, tanta perfección, tan poco tiempo, con lo deprisa que pasa últimamente.

Lo más sencillo se puede convertir en una auténtica odisea, por ejemplo, preparar un Cola Cao para uno de tus hijos antes de ir a dormir. Domingo por la tarde-noche, fin de semana loco e intenso, la casa hecha un desastre, pero lo importante es lo importante. Hora de ir a dormir, terminas de recoger la cocina y cuando te diriges al frigo para coger la leche, resbalas con unas gotas de agua que hay en el suelo, pero consigues no caer agarrándote a la mesa aunque te doblas un dedo de la mano. Auuu! Que daño, abres el frigo y se te cae la leche porque está mal puesta, limpias el interior del frigorífico y el suelo, llenas la taza de leche y la vuelves a dejar en su sitio mientras el tazón da vueltas en el microondas. Cuando suena el aviso, abres la puerta con la mala suerte de que en ese preciso instante, justo cuando tienes la taza caliente en la mano, llega uno de tus hijos y se abalanza sobre ti, te hace un placaje a su altura, o sea, tus piernas quedan inmovilizadas y el tazón cae al suelo. Vuelta a empezar, frigo, leche, taza y micro (incluido el cambio de pijama). El frasco del Cola Cao está vacío, menos mal que hay repuesto en la alacena, abre el paquete,llena el bote, guarda lo que queda, prepara el cola cao dichoso, no quedan pajitas, reciclas una de esta mañana, aunque esté mordida.

La paciencia se está acabando, menos mal que el día también, y que mañana tendré el bote lleno de nuevo. Ya sólo falta encontrar el osito Xa, el mono del corazón rojo y culo azul, la mantita sosa y el chupete. Duérmete ya mi niño.

Queridos Profesores

¿Han tenido alguna vez un “querido profesor”? ¿Un profesor que se haya tomado el tiempo de hablar con ustedes? A solas, escuchándole, mirándole a los ojos. Interesándose por quién es usted, por lo que le gustaría saber a su alumno, queriendo saber cómo aprende mejor, en qué circunstancias.

Este es un punto de partida utópico, no por imposible sino por improbable, por casi inexistente en la actualidad.

Los extensos programas de obligatorio cumplimiento, la masificación de las aulas, la falta de tiempo, la inestabilidad laboral y muchas otras razones hacen imposible que un profesor se dedique a esto, y entonces es el programa lectivo el que toma el control de la situación, haciéndonos olvidar cuál es la razón de la educación, del aprendizaje, la importancia de los enseñantes y de la enseñanza. Yo me pregunto cómo es posible que nuestros hijos esten siendo educados por programas, en vez de por personas, y no nos demos cuenta de la diferencia.

Tanto hemos deshumanizado la educación, que hemos llegado a olvidar que tenemos maestros, los hemos convertido en simples máquinas ejecutoras de programas, sin dejarles margen de maniobra para poder transmitir y no solo hacer cumplir.

Quiero romper una lanza por los profesores, animarles a que recuperen su sillón de maestros, invitarles a que no dejen ellos mismos de formarse, aunque sea para que tomen conciencia de todo lo que no saben y puedan transmitir esos vacíos a sus alumnos. Que se esfuercen en reconocer su ignorancia frente a los más pequeños, para insuflarles a ellos las ganas de aprender y de buscar preguntas y respuestas hasta ahora nunca formuladas.

Porque lo desconocido alimenta el deseo de aprender, y sin el deseo no hay programa que funcione.

 

Doble cine

He encontrado una antigua cita del director Bertolucci que dice “la cámara no sólo usa lentes Kodak o Zeiss, sino también Freud”.

Elija una película del Festival de Cine de San Sebastián, tiene muchas opciones y una vez dentro de la sala, escoja un personaje de la historia que le afecte. Ternura, rabia, tristeza, alegría, deseo, envidia, miedo, violencia, rebeldía, cualquier razón es válida. Acto seguido superponga lo que ha captado del personaje con usted mismo. Piense en lo que tienen en común, en la razón de la elección y encontrará algo más que un retrato de sí mismo.

No importa que el personaje sea un niño, él mirará en el niño que tiene dentro, o una prostituta, ella le señalará el valor de lo que tiene. Puede transformar una estatua en personaje también, claro, en ella se podrían encarnar todos sus fantasmas. Cualquier escena que dibuje la injusticia le puede servir para desvelar sus frustraciones o miedos. Las costumbres de un grupo le pueden señalar más las similitudes que las diferencias, sus prejuicios. Sus anhelos secretos podrían estar a la vista de todos para sorprenderle, usted, que lo tenía tan enterrado.

En el cine podrá oler la esperanza, perder la noción del espacio y del tiempo, sentir aquello que no se permite, o aquello a lo que todavía no ha llegado y soñaba con sentir. Podrá pensar como si fuera otro y desdoblarse y cambiar para siempre.

La curiosidad le podrá morder e inocular su veneno sin pócima conocida para llevarle de aventura.

Lo bello hará su entrada en forma de música, de color, de poesía o de verdad, como lo feo lo hace en forma de sorpresa, de rutina o de mentira imposible.

Porque todo es posible en el cine, como todo es posible a través de la lente Freud.

Podríamos

Me pregunto qué podríamos hacer este nuevo curso.

Podríamos refrescar lo que hemos olvidado o aprender aquello que habíamos postergado.

Podríamos conseguir el trabajo esperado con el salario deseado.

Podríamos comprar todo lo necesitado con el dinero que hemos ganado.

Podríamos mejorar lo que habíamos terminado, o empezar de cero y que lo anterior quede borrado.

Podríamos enseñar lo que tanto costó que quedara grabado, para que después resulte menos cansado al que tenga que hacer el camino ya por otros andado.

Podríamos volar por donde el deseo nos ha llevado, no sin saber que es lo que hemos cosechado y valorado.

Que el mundo no quede asustado.

Y podríamos dejar que lo que nuestra mente ha grabado, un niño lo deje desdibujado.

Podríamos aprender de aquellos que ninguna letra han garabateado, sólo una pantalla tocado y con su gesto el cielo han tocado sin que nada les hayamos enseñado.

Olvidar que todo hay que tenerlo controlado y que lo que más nos ha importado estaba improvisado.

Podríamos hacer todo lo que la imaginación fuera capaz de haber inventado, porque otros ya lo han corroborado.

Podríamos mirar al horizonte velado por quienes un muro han levantado, y saltar como en las Olimpiadas nos han mostrado.

Podríamos bajar a la Tierra, y saber que cada uno tiene lo que se ha currado, aunque ya haya votado.

Podríamos cambiar el mundo, pero no sin habernos esforzado y renunciado como algunos vendernos han intentado. Y es que comprar no está pasado, sino sobrevalorado, aunque sean cosas que antes ya se han probado y desechado.

Informe Psicodinámico

Se trata de una paciente de indeterminada edad, que acude a mi consulta desde hace 40 años, aquejada de múltiples sucesos en su pasado que la mantienen dividida, en ocasiones triste, aunque no se ve afectado su sueño, exceptuando ciertas ocasiones en que se ve forzada a engancharse a un programa de TV o a un partido de futbol, del que dice ser una gran aficionada y fiel seguidora.

Desde que acude a la terapia, refiere haber sentido apatía, alternada por algunos momentos especiales en que se ha sentido ilusionada y con esperanza de que las cosas cambien para ella. Alta capacidad de proyección y superación.

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Lejos

Antes de abrir los ojos ya sabía que el lugar en el que estaba era desconocido. El olor de las sábanas no era el de su casa, sentía los párpados pesados, de haber llorado durante la noche. No quería ver lo que había fuera, todavía no estaba preparada para ese día que tantas veces había imaginado con miedo, en realidad no lo estaría nunca, como nadie está preparado para un imprevisto inimaginable.

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La Tele Vacía

La semana pasada me invitaron a un programa de televisión para dar mi opinión o punto de vista de “experta” acerca de una noticia que estaba suscitando cierta polémica.

A pesar de que la llamada fue algo imprevista, de que el tiempo que tenía para preparar mi intervención era corto y de que no conocía el programa que me solicitaba, decidí aceptar el ofrecimiento para conocer desde dentro eso que entra en nuestra casa cada día desde hace años.

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Peso Muerto

Alguien me contó no hace mucho tiempo que su sitio favorito son las pescaderías, le encanta entrar y mirar los pescados, ver de dónde vienen, su aspecto, el olor. Le transportan a lugares donde nunca ha ido, se imagina los barcos donde por primera vez tocaron tierra, los marineros que faenan en ellos, la visión de mitad cielo mitad mar, esos dos abismos, por encima el espacio, por debajo el misterio.

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Únicos

Hace pocos días leía una entrevista a un psicólogo cognitivista que decía que para deprimirse había que hacer mucho esfuerzo e intentarlo muy fuerte. Saquen ustedes sus propias conclusiones. Hay profesionales que dicen que la depresión se cura con una pastilla, o los seguros médicos, que consideran que con 15 sesiones tiene que bastar para que alguien reoriente su vida hacia una posición más productiva, dando igual quién sea o qué le pase. También parece que algunos de los políticos encargados de cumplir con sus promesas deciden cómo tienen que tratarse ciertas enfermedades mentales, eso sí, siempre asesorados por los mismos interesados y a veces desinformados de siempre.

Casi todas las soluciones que se escuchan en la calle y que son las que suelen funcionar mejor financieramente son las que nos dan las soluciones más rápidas y más fáciles.

Es verdad que cada vez tenemos las cosas más fáciles, más que hace algún tiempo, como comunicarnos, trasladarnos, incluso lavar la ropa, pero también es cierto que por mucho que avance la tecnología, o que evolucionemos como sociedad, hay cosas que son inherentes al ser humano y va a ser imposible que se puedan solucionar de forma rápida y sencilla. El ser humano es único, no hay dos iguales, y como seres únicos, no va a haber una única solución posible a lo que sea que nos aqueja, sino varias, y tenemos la suerte de tener la opción de elegir.

Es por esto por lo que los seres humanos tenemos no sólo paciencia, sino la capacidad de cultivarla, no sólo fortaleza sino la capacidad de hacerla crecer. Más todavía, ¡tenemos la capacidad de pensar y también de decidir!

Que no se nos olvide lo obvio.