Somos una, somos todas.

El sábado pasado, mientras en nuestra ciudad nos despertabamos con el recuerdo de los tambores, en varias ciudades del mundo se manifestaban pacíficamente por los derechos de igualdad de las mujeres. Una de las proclamas de la marcha me ha ayudado en la construcción de mi columna de hoy: “El éxito de una es el triunfo de todas”. Por eso, a continuación transcribo algunas.

  • Somos mujeres, y no tenemos miedo.
  • Lo difícil es tender puentes, no romperlos.
  • Más por escuchar y no tanto por silenciar.
  • ¿Por qué tanta incomprensión?
  • Aquí empieza todo. La revolución en punto 0.
  • No juzgamos, sino que comprendemos.
  • Tan sólo buscamos respeto y libertad.
  • Nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro poder.
  • Peleamos como chicas y nos encanta.
  • Esta es la revolución de los marginados.
  • La injusticia en cualquier sitio es una amenaza para la justicia en cualquier lugar.
  • No estamos asustadas, no estamos solas
  • El futuro tiene nuestro nombre y nunca estuvo tan cerca.
  • Temblad, esto no para.
  • Somos mujeres luchando de la mano de otras mujeres.
  • Mi cuerpo, mi elección.
  • En las mujeres confiamos.
  • El futuro es mujer.
  • Trataron de enterrarnos sin saber que éramos semillas.
  • Marchamos por la igualdad.
  • No, no significa convénceme.
  • Derechos de las mujeres=derechos humanos.
  • Igual significa igual.
  • Somos una, somos todos.l

¿Qué diferencia este momento de 1968?

Como decía Simone de Beauvoir, “ser mujer no es un hecho natural, es el resultado de una historia. No existe ningún instinto biológico o psicológico que defina a la mujer como tal. Es la historia la que la construye”. Tenemos los últimos años de la historia de nuestra parte, dándonos la oportunidad de construir la mujer como queramos o como mejor podamos.

¿Fracasadas? ¡Ah no!

No acababa de decidirme a hablar sobre gente que dice cosas tan desagradables, pero ahora que han pasado unos días desde que han salido a la luz las declaraciones del alcalde de Alcorcón, sus palabras siguen azotando mi conciencia.

Frustradas, amargadas, rabiosas y fracasadas. No son palabras bonitas, pero sobre todo no lo son por el contexto y el tonillo de superioridad con el que las pronuncia.

Si “frustradas” significa no haber conseguido lo que uno deseaba o necesitaba, entonces sabemos que todavía se puede conseguir.

Si “amargadas” designa a las personas que muestran hostilidad hacia los demás por haber sufrido una frustración, entonces puede que por momentos las mujeres sí nos mostremos así, aunque sólo por momentos, dado el nivel de agravios a los que nos enfrentamos cada día.

Rabiosas sí, y a mucha honra. Ya que la rabia es la reacción que nos mantiene en pie de guerra para seguir creyendo y luchando por lo que es justo. Sólo faltaría que no se nos permita eso.

Pero fracasadas no, ah no! El fracaso lleva implícito el fin de algo, de un proyecto, de una idea o de un deseo. No creo que ninguna mujer se dé por vencida en su convencimiento de la igualdad entre seres humanos, como no se da por vencida cada una de nosotras en miles, millones de causas cotidianas.

¡Qué importante es conocer el peso del lenguaje cuando se trata de un tema en el que hay tantas heridas abiertas!

¿Qué necesidad tenía este señor de decir algo tan obvio? ¿hacer más daño? ¿poner en evidencia lo que todos sabemos, que las mujeres todavía jugamos con desventaja respecto a los hombres? No lo entiendo.

Mujeres

No quiero escribir un texto feminista, no lo soy.

Sólo algo que nos aliente a no perder oportunidades, a no ponernos límites a lo que queremos hacer por el hecho de ser mujer. El ser no tiene género, aunque lo parezca.

Que los hombres y las mujeres no somos iguales está ya fuera de toda discusión, ahora la pregunta que se plantea es cuándo llegará el momento en que los hombres y las mujeres tengamos los mismos derechos, pero atención, no hablo de los derechos escritos, sino de los que no están escritos, de aquellos que sólo están en la mente de las mujeres.

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