Magos

Hoy quiero contarles la historia de alguien que tuvo que dejar su hogar para marcharse muy lejos de allí. Lo tuvo que hacer y poco importan ya las razones. Consideró que en aquel momento no tenía más opción. Claro que cuando uno toma una decisión de este calibre, un cambio tan radical, piensa que la situación se revertirá en algún momento, que llegará el día en que pueda volver. De hecho el día llegó.

Acababa de pasar una velada increíble con sus nuevos amigos. Habían cenado en casa de Malen y de postre se comieron el tradicional roscón de reyes. Era para el desayuno del día siguiente, pero la gula había podido más que la costumbre. De más está decir que el vino, el cava y un par de copas acompañaron a las risas y a los cánticos de aquella noche.

Cuando ya se dirigía a casa, con poca estabilidad y calor en la sangre, le comenzaron a pitar los oídos de una forma tan intensa y repentina que se tuvo que detener cuando pasaba debajo del arco de la calle Del Puerto.

Se apoyó en la pared y fijando su mirada en el horizonte que le daba la ciudad y el mar fue cuando los vio. Los tres Magos caminaban deprisa, uno detrás del otro, con las manos vacías aunque enjoyadas y se acercaban a él precipitadamente. La imagen que estaba presenciando lo paralizó de tal manera que cuando llegaron hasta él sólo pudo dejarse llevar.

Lo agarraron uno de cada lado del cuerpo, el tercero se encargó de sus piernas. Visiblemente ocupados en soportar su peso y avanzar, lo metieron en una nube de arena y se lo llevaron al lugar del que había venido hacía ya mucho tiempo, esta vez en contra de su voluntad.

Peso Muerto

Alguien me contó no hace mucho tiempo que su sitio favorito son las pescaderías, le encanta entrar y mirar los pescados, ver de dónde vienen, su aspecto, el olor. Le transportan a lugares donde nunca ha ido, se imagina los barcos donde por primera vez tocaron tierra, los marineros que faenan en ellos, la visión de mitad cielo mitad mar, esos dos abismos, por encima el espacio, por debajo el misterio.

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Morir de Vergüenza

“Vergüenza”, “El pacto de la vergüenza”, “Vergüenza de ser europeos”. Son sólo tres titulares de los periódicos de los últimos días describiendo el sentimiento que genera la situación que están viviendo los refugiados en Europa con nuestro consentimiento.

Yo pensaba que la vergüenza estaba cayendo en desuso, ya pocos la sienten, casi nadie habla de ella en primera persona y además la desafían constantemente en las redes sociales, retándola a aparecer, con resultados más bien escasos

Pero parece que todavía queda algo de honor en algunos corazones, en algunas conciencias, y que esta vez no sólo han conseguido sacarla a la luz, sino hacerle frente, aunque todavía no sepamos cómo.

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