LA BICICLETA:

La bicicleta se había puesto de moda en su ciudad. Pensaba que le llegaba tarde ya que a sus 87 años nunca había tenido la oportunidad de montar en ninguna, ni siquiera albergaba la esperanza de hacerlo.

Las cosas cambiaban a su alrededor más deprisa de lo que su capacidad de adaptación daba de sí y se mostraba tolerante y alegre con esos cambios. Se alegraba por los demás pero él no se daba por aludido. Hasta que aquella bicicleta llegó a sus manos. Fue una de esas noches ventosas y con lluvia horizontal típicas de Donosti. Volvía a casa de jugar al mus cuando al dar la vuelta a la esquina, vio que la fuerza del viento arrastraba ruidosamente hacia él una vieja bicicleta. Enredó su bastón en el cuadro de la máquina haciendo contrapeso hasta que logró detenerla. Entonces la puso en pie. Sin querer rozó la palanquita del timbre y un alegre sonido nació de aquella pequeña caja. Miró a un lado y a otro, pero la calle estaba vacía, así que metió la bici en su portal y la apoyó en la pared.

A la mañana siguiente la bici seguía allí aunque esta vez no la tocó. Cuando regresaba por la noche todavía riéndose para sus adentros al recordar cómo había ganado la partida, se fijó en una nueva pintada que había en la fachada de su edificio que decía así:

“Cada vez que veo a un adulto sobre una bicicleta, no pierdo la esperanza para el futuro de la humanidad” H.G. Wells.

Un fuerte sentimiento lo apremió y aceleró el paso temiendo no encontrarla donde la había dejado, pero al abrir la puerta acristalada, la bici le estaba esperando.

Aquella noche no durmió solo.

Sólo hicieron falta 15 minutos de la ayuda de su nieta para que saliera pedaleando con una gran sonrisa en la cara, no sin antes calzarse bien la txapela para que ésta no saliera volando.

Imaginen

Hoy quiero rendir homenaje a la imaginación y a un miembro muy importante en mi familia, alguien que me ha ayudado a creer que existe todo aquello que he podido imaginar. Es el mono Panchito. Él encarna en aquellos que han oído hablar de él la magia de la imaginación en la infancia. Aunque en algún momento existió, casi nadie lo ha visto y sus fechorías me acompañan siempre y me ayudan a entender las normas por las cuales se rige el mundo. Y es que los cuentos son tan reales como la existencia del mono Panchito.

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