Doble cine

He encontrado una antigua cita del director Bertolucci que dice “la cámara no sólo usa lentes Kodak o Zeiss, sino también Freud”.

Elija una película del Festival de Cine de San Sebastián, tiene muchas opciones y una vez dentro de la sala, escoja un personaje de la historia que le afecte. Ternura, rabia, tristeza, alegría, deseo, envidia, miedo, violencia, rebeldía, cualquier razón es válida. Acto seguido superponga lo que ha captado del personaje con usted mismo. Piense en lo que tienen en común, en la razón de la elección y encontrará algo más que un retrato de sí mismo.

No importa que el personaje sea un niño, él mirará en el niño que tiene dentro, o una prostituta, ella le señalará el valor de lo que tiene. Puede transformar una estatua en personaje también, claro, en ella se podrían encarnar todos sus fantasmas. Cualquier escena que dibuje la injusticia le puede servir para desvelar sus frustraciones o miedos. Las costumbres de un grupo le pueden señalar más las similitudes que las diferencias, sus prejuicios. Sus anhelos secretos podrían estar a la vista de todos para sorprenderle, usted, que lo tenía tan enterrado.

En el cine podrá oler la esperanza, perder la noción del espacio y del tiempo, sentir aquello que no se permite, o aquello a lo que todavía no ha llegado y soñaba con sentir. Podrá pensar como si fuera otro y desdoblarse y cambiar para siempre.

La curiosidad le podrá morder e inocular su veneno sin pócima conocida para llevarle de aventura.

Lo bello hará su entrada en forma de música, de color, de poesía o de verdad, como lo feo lo hace en forma de sorpresa, de rutina o de mentira imposible.

Porque todo es posible en el cine, como todo es posible a través de la lente Freud.

El Camino

Esta mañana sales de casa sin pensar en nada en concreto, sin rumbo, aunque tienes muchas cosas que hacer, muchas cosas que atender, pero dejas que tu mente vuele, como tus piernas, porque quieres escuchar el ruido de la ciudad, ese ruido silencioso de los amaneceres y de los madrugadores: el trote amortiguado de las zapatillas del corredor, el cric cric de la bici del vecino que sale cada mañana a la misma hora que tú y que te saluda con una mirada, el viento fresco que te azota levemente y que te hace mirar al cielo y comprobar que hoy también lloverá aunque no todavía, pero no te importa, porque tienes una recta por delante de ti, no hay mucha opción, el camino es el que es, puedes elegir esta acera o la otra, pero tu destino está siete semáforos más allá, aunque no es el momento de pensar qué hay más allá de esas luces. Sigue leyendo