QUE LA FUERZA TE ACOMPAÑE:

Las conversaciones de ascensor se van repitiendo este último mes en Donosti: La sucesión de fiestas una detrás de otra y cómo no, el clima lluvioso que nos visita siempre en estas fechas. Que si siempre ha sido así, que si qué barbaridad la cantidad de agua que ha caído este mes.
No llego a captar muy bien el porqué a los seres humanos nos cuesta tanto ver la repetición, aquello que se repite y que nos avisa que volverá a ocurrir, y nos tapamos lo ojos y los oídos si es preciso para volver a tropezar con la misma piedra.
El viento entra moldeado por El Peine, susurrando lo mismo cada año, ¡¡cuidado con las olas!!
Me hace recordar lo que decía Chillida sobre las fronteras, esta vez abordado por otros muchos artistas en la Bienal de Arquitectura en el Palacio Miramar.
Es curioso que el símbolo de esta Bienal se parezca a la espada de Star Wars, anclada en la puerta del Palacio, la espada que podría representar  la ausencia de fronteras en el universo. La lucha por la libertad y el fluir en el espacio.
Pero por vez primera, esta espada luminosa, verde y gigante no está para combatir ejércitos, ni para marcar fronteras de países, ni siquiera quiere señalar un punto concreto de nuestro cielo nublado, tampoco molestar a los vecinos iluminados, o invitar a algún niño a que la empuñe.
Por vez primera, la espada verde, verde espada, está para mantener a raya a las olas, esas que repiten eternamente su vaivén y que vienen moldeadas por El Peine, obra del escultor del espacio.

JUBILACIÓN:

Si su despertador sonó aquella mañana a la misma hora en que lo había hecho los últimos 40 años fue porque era el primero de su pérdida de memoria. Sí, aquel día iba a comenzar a olvidar quién había sido durante tantos años. Y había olvidado apagarlo.

Comenzaba a olvidar, pero también recordaba que nadie le esperaba en ninguna parte. Cambió de postura y se acomodó para continuar durmiendo como nunca lo había hecho.

La sorpresa llegó desde la cocina unos minutos más tarde, cuando el olor a café recién hecho penetró en su habitación.

Abrió levemente un ojo y vio los árboles que ya dejaban pasar unos rayos de luz que llegaban a su cama. Entonces pensó en quien acababa de preparar el café que durante años había preparado él.

Cuando tomó la decisión de casarse hacía ya 43 años, lo hizo apoyado por el deseo de compartir su vida con aquella muchacha que lo hacía sentirse tan vivo. Ahora pensó que en aquel momento no sabía que aquel deseo iba a tardar tanto en llegar. Los dos llevaban mucho tiempo dejando pasar aquellos momentos y dejándolo para más adelante.

Sonrió para sus adentros, había llegado su primer día de casado, ella le preparaba el café y él le prepararía unas tostadas con miel. Por eso, y con una sonrisa en la boca, dio un salto y se acercó apresuradamente a buscar a su chica, aquella con la que pasaría el resto de su vida haciendo lo que una vez soñaron que harían.

Desayunaron leyendo el periódico en la tablet, recogieron lo que les apeteció y salieron de casa rumbo a las montañas. Los dos cargaban una mochila en los hombros y vestían una sonrisa en la cara.

24 HORAS:

Se acercan las 24 horas de la bacanal donostiarra, la fiesta de nuestra ciudad.

Casualmente leía hoy la noticia de la performance “Mount Olympus” de Jan Fabre. Para los que no hayan leído nada acerca de ella, se trata de una puesta en escena que dura 24 horas, donde el autor quiere lograr la comunión entre actor y espectador que les lleve a la catarsis. Para ello se sirve de diferentes tragedias griegas, todo con el fin de que el espectador tome conciencia de su propia tragedia. Sin duda, una experiencia que pocos podrán disfrutar ya que el espectáculo ya se ha celebrado en Madrid y con 800 espectadores.

Testigos de la obra la califican como “abrumadora, inolvidable, onírica, que te lleva al extremo, impactante, experiencia única”.

Salvando las distancias, me atrevo a decir que el día de La Tamborrada también es una performance ininterrumpida de 24 horas, donde el clamor de los tambores no descansa en lo que dura el día. Y no sólo eso, sino que comienza 15 días antes con los ensayos que se dejan escuchar por  distintos rincones de la ciudad anunciando su llegada.

Para algunos es una bacanal, para otros un sentimiento, un volver a su tierra.

Yo lo interpreto como la necesidad que tiene el donostiarra de expresar el orgullo de sus raíces, la necesidad de aunque sea por un día, estar de acuerdo todos en algo, en la misma cosa.

Al contrario de lo que ocurrió en Mount Olympus, Donosti comienza por la catarsis en la Plaza de la Constitución y dura 24 horas.

24 horas que hacen olvidar los problemas de cada quién para simplemente tocar el tambor y cantar junto a los demás. Que no es poco.

VIRUS:

No recuerdo haber dado nunca tan pocos besos en las fiestas de Navidad.

Las vacaciones comenzaron con varios virus diferentes en mi casa. La única que se libró fui yo que, como buena madre de familia permanecí sana, aunque las fiebres, toses, mocos y vómitos me acompañaran desde el comienzo.

El encuentro con parte de la familia iba precedido por la frase “no me beses que estoy acatarradísimo” y acompañado por el gesto de “un paso atrás”, como si la peste estuviera entre nosotros. Les digo que esto ha sido así en más de diez encuentros, ¿a ustedes les ha pasado? ¿o han sido de los que no han querido besar?

¡Supongo que este “no dar besos” ha evitado un montón de contagios! Si no es así, ¡qué pena haberme perdido tantos besos y abrazos, apretones de manos, golpes cómplices en los hombros! De paso diré que no creo que se haya evitado nada, porque una tras otra, han ido cayendo todas las familias, si no es una gripe es una gastroenteritis.

Si bien es cierto que el muro de metacrilato levantado por el batallón de virus no nos ha dejado tocarnos demasiado, tampoco ha conseguido que no nos juntemos, que no hayamos hablado, que no nos hayamos reído y empachado. También contagiado.

Para la próxima Navidad les recomiendo taparse la boca cuando tosan, lavarse las manos frecuentemente, pero sobre todo armarse de todo tipo de medicamentos que les hagan sobrellevar esos días de excesos.

No quiero olvidarme de esos virus que no necesitan de la cercanía o el contacto para transmitirse y que en ocasiones son igual de perjudiciales para todos. Aún a distancia.

EL ELEGIDO:

Tengo la suerte de haberme casado con alguien que se adapta a todo. Bueno, a todo menos al calor. Se adapta al lluvioso clima donostiarra igual que al frío noruego o al ventoso gallego. Da la bienvenida a lo que se le presente y así es feliz.

A mi no me ocurre lo mismo. Conocí un clima y una ciudad y mi corazón quedó atrapado allí. Es una circunstancia extraña porque cuando alguien me pregunta de dónde soy, respondo la verdad, pero una vocecilla dentro de mi dice, “en realidad soy de Barcelona, pero es difícil de explicar”.

Cuando quedan pocos días para la Navidad, todos los que están lejos de sus casas sueñan con el día en que vuelvan a su hogar, a ver a sus padres, a juntarse alrededor de la comida, la familia y las tradiciones. En mi caso, cuando llega la Navidad sueño con volver al lugar de mi corazón.

Pasear por sus calles, perderme con sus luces, visitar los mismos lugares que frecuentaba cuando vivía allí, hacer una visita a la que era mi panadera, que alucina cuando me presento una vez al año a desayunar, acercarme a mirar el edificio donde trabajaba, coger el metro, el bus o un taxi, visitar la Ciudadela un domingo por la mañana, ir a ver el Belén de la Plaza Sant Jaume y criticarlo, atravesar la ciudad en bici, comerme un arroz frente al mar, descubrir los cambios que se han hecho en la ciudad durante mi ausencia. Encontrarme con amigos que veo poco y crear nuevos recuerdos. Abrazar a mi prima y conectar con mi familia paterna con sólo mirarle.

Me tranquiliza saber que mientras tenga a quién visitar en Barcelona, mi corazón tiene su hogar a salvo. Hola Barcelona.

TRADICIONES:

Quien recuerde una de mis columnas de la Navidad pasada, La Mesa, sabrá que aquella tabla sobre la que se juntaban todos el día de San Esteban, crecía con el nacimiento de un nuevo miembro de la familia.

Lo que no saben es que para que la mesa pudiera crecer durante la noche, siempre a oscuras y sin testigos, tenía que nacer una nueva tradición entre los componentes de la familia. Existía la creencia en la casa de que las tradiciones están arraigadas en las ilusiones y los nuevos proyectos, en la actividad y la construcción, en los nuevos horizontes de los habitantes. Por esa razón, cada fecha señalada, la cabeza de familia indagaba en ellos para conocer sus planes, para ponerse al día en aquello que no habían podido explicarse en otras ocasiones y poder plasmarlo en el detalle de la nueva tradición. Era el gran belén que durante todo el año aguarda en el basto armario a puerta cerrada quien acompañaba a la abuela en las decisiones navideñas ya que ambos compartían muchos de los secretos de aquella casa.

El año pasado, coincidiendo con la crecida de la familia, una guitarra se unió al festejo.

No es una familia musical y sin embargo de manera sorpresiva, varios miembros sabían tocarla. Y la hicieron sonar, vaya si lo hicieron, acompañada de gallos y desafines propios del efecto del vino y del frío.

La misma guitarra espera este año el abrazo de esta familia, sus cánticos y sus risas. Incluso los tirones con los que se la disputaron el pasado año.

La cabeza de familia está tranquila porque ha nacido una nueva tradición familiar, y con ello se asegura la prolongación de la mesa, la auténtica protagonista de la Navidad en esta familia.

STORYTELLING:

Llegué corriendo, mojada por la lluvia y algo tarde a la invitación de un “storytelling”.

En cuanto puse un pie en aquella mullida alfombra del Hotel Villa Soro mis pulsaciones bajaron impactadas por lo acogedor del ambiente y las sonrisas de bienvenida del personal.

Lo organizaba una amiga muy querida. Una persona que mezcla locura y cordura a la perfección, algo muy raro de conocer. También la templanza con la osadía, la determinación con la ternura, la convicción con la empatía, la autonomía con la cercanía. Todo eso le ayudó a idear la reunión.

En un entorno acogedor y cuidado con mimo desfilaron ante mis ojos media decena de personajes que contaron su historia, cada uno aquella que les apeteció de un momento de sus vidas, para transmitir su opinión o enseñanza que ellos sacaron de su vivencia.

Como diría mi padre, fue algo “hermoso” de escuchar y de vivir.

En un espacio muy corto de tiempo pude entender la importancia de la transmisión de padres a hijos, presenciar la pérdida de la inocencia de un joven de 22 años, sentir la libertad del muchacho que viaja solo al extranjero por vez primera, intuir la generosidad del desconocido, sentir el miedo de ser padres. También escuché el sonido de un tren y saboreé un cruasán recién horneado en París.

Todo pasó muy rápido, pero lo que allí ví, lo guardo en la memoria para poder contarlo.

Porque cuando el “storytelling” se repita, volveré a estar presente para escuchar y por qué no, algún día ser yo la que esté en ese lugar.

Les dejo una cita de G. García Marquez.

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Para contarla.

NO:

Sé que no soy la única agobiada por el bombardeo del consumismo.

Tenemos ahora mismo una lucha terrible por la territorialidad, una llamada a proteger la cultura, sea la catalana, la vasca, la andaluza, la gallega, sea la que sea.

Pero no paramos de comprar todas las tradiciones que vienen del otro lado del océano. Esas que sentimos vacías, las que no podemos explicar a nuestros pequeños, esas que sólo se ciñen al gastar gastar y gastar. Engullir. Dos ejemplos a los que estoy haciendo referencia claramente: Halloween y Black Friday.

En el primero ahora resulta que hay que decorar la casa con objetos tétricos y de color naranja y acompañar a nuestros hijos de puerta en puerta ya que no los podemos dejar ir solos ni a la vuelta de la esquina, para pedir chucherías. ¿alguien, sabiendo que los niños tocarían su puerta, les dijo que no? ¿hubo truco? ¿Sólo se permite el trato? Si me das chuches me voy y te dejo tranquilo y sino, y sino… nada. Es el sí o sí a los niños. Tú vas, cantas una canción desentonada y te dan chuches, así de fácil. Como todo a lo que estamos acostumbrando a nuestros hijos. Todo hecho. ¿que porqué? Ah! Es que es Halloween.

Lo del Black Friday ya es otro asunto. Compra todo lo que puedas porque es más barato, aunque no lo necesites, aunque no lo hubieras comprado en otras circunstancias. Porque todos entran, porque todos tienen, porque es más barato, porque tienes tiempo, porque tienes dinero, porque pronto es Navidad, porque te lo ofrecen y no quieres decir NO.

Así que no queremos decir no. A no ser que ese NO venga del otro lado del Océano, claro.

UNA CADA OCHO HORAS:

En España se denuncia una violación cada ocho horas. No sé si la ocurrida en San Fermines el año pasado cuenta como una o como cinco.

Hace un tiempo una mujer me explicó cómo un hombre la violó.

No sabe cuánto tiempo duró, pero recuerda que cuando ella ya no podía más, no tenía fuerzas para seguir consciente comenzó a hablar a su violador, susurrando. Sólo dos palabras repetidas una y otra vez, una y otra vez salían de su boca sin descanso. Las dos palabras eran “te perdono”. El violador paró y se fue sin mediar palabra, sólo mirada. La dejó tirada y herida, ya sola. Aquel violador resultó tener siempre el mismo modus operandi, fue detenido y cumplió varias décadas de cárcel. Aquel monstruo que violó a más de 30 mujeres que se sepa, sabía que estaba haciendo algo malo, por eso paró cuando ella le dijo ”te perdono”. No por eso es menos peligroso.

¿Qué pasa con La Manada? No sólo se mofan y divierten con su delito vía mensajitos, sino que se defienden con uñas y dientes como si no supieran qué hicieron mal.

La engañaron, la violaron, le robaron y la dejaron tirada. Y encima se defienden con sucias argucias a base de talonario. ¿Cuántas veces habrían hecho lo mismo anteriormente? ¿juntos o separados? ¿Tal era la aceptación de su entorno que se creían inmunes?

No sé a qué conclusión llegar con estos tipejos, lo que sí tengo claro es que son más peligrosos que cualquier perverso solitario porque se creen manada, se saben manada, confían en que muchos de su grupo los defenderán.

Y lo peor es que tienen razón. La manada los tapará a ellos como se ha hecho siempre con otros. Paremos a la manada, ¿no les parece?

SIN ESCRÚPULOS:

Hasta hoy no sabía que la palabra“escrúpulo” hace también referencia a una minúscula piedrita en el zapato. Esa china que en ocasiones hace que nos detengamos, para empujarla con un dedo hacia otra parte del pie donde no nos moleste tanto o para descalzarnos y sacarla.

Hoy he atendido a una persona en la consulta a la que tengo mucho cariño y me ha hablado de su escrupulosidad y de cómo eso le hace sufrir en ocasiones.

Me he quedado todo el día amarrada a esta palabra, pero como tenía trabajo, el día ha ido avanzando como si yo misma tuviese una piedra en mi zapato, obstaculizando la fluidez de mis tareas. Finalmente me he detenido y me he dicho, ¿pero qué pasa con esta palabra? Hacía tiempo que no me la tomaba en serio, quizás como tantos otros últimamente, para darme cuenta de que no se me iba de la cabeza por la falta de escrúpulos que veo últimamente en todas partes. Desde el detalle más nimio como puede ser tirar basura al suelo o no recoger la caca de tu perro, como la falta de escrúpulos de la gente en las redes sociales (que dicen lo que les apetece pareciera que por descargarse) o la que de forma exagerada muestran muchos a la hora de robar, mentir o  manipular. Porque la falta de escrúpulos se manifiesta en su forma más cruda cuando se hace evidente que el que hace la acción le dan igual las consecuencias y aquellos a quienes les afectan.

Lo que me queda claro es que los que tienen escrúpulos piensan en lo que para ellos esta bien o mal y son consecuentes con eso hacia sí mismos y hacia el otro. Los que no tienen escrúpulos ni siquiera piensan en que hay un otro. Por eso generalmente tampoco tienen vergüenza.