BUENOS DÍAS

Si preguntara a cada uno de vosotros qué es lo primero que hacéis o pensais cuando os despertáis, seguramente recibiría tantas respuestas diferentes como personas que me respondieran.

Casi todos hacemos lo mismo cada mañana cuando abrimos los ojos, o cuando se nos despiertan los pensamientos.

Algunos tienen por costumbre mirar el despertador y saber que dentro de siete minutos volverá a sonar la alarma y que pueden robarle ese tiempo al día. Otros saltan de la cama directos al baño sin que se hayan despertado siquiera, conozco al que se enciende el primer cigarrillo del día desde las profundidades del edredón. Al que no le gusta su trabajo ve gris su jornada, a quien le apasiona su trabajo se activa rápidamente, hay quien no lo consigue hasta el primer cafe. Algunos pasan de la cama a la esterilla de la meditación o el yoga. Los viajeros se despiertan indefectiblemente desorientados sin saber en qué ciudad están hoy. Muchos sólo quieren seguir durmiendo.

Las rutinas van ordenando nuestro día, pero los pensamientos también.

Hoy me ha pasado algo que ha roto mi rutina semanal.

Antes de subir a mi despacho he entrado a una panadería que ocupa los bajos del edificio donde trabajo y he pedido un café con leche para llevar, como suele ser mi costumbre. Mientras esperaba a que estuviera listo, el chico que me ha atendido me ha preguntado:

-María, ¿lista para afrontar la semana?

Mi primera respuesta ha sido afirmar sin mucho convencimiento con un gesto, extrañada.

Yo iba a dejar pasar la pregunta como una formalidad, pero él ha insistido y me ha repetido la pregunta.

Mi extrañeza ha ido en aumento. ¿afrontar la semana? Claro! Si hoy es lunes!

No os diré lo que he respondido, sólo que el café de hoy me ha reconfortado más que otras mañanas. Buenos días.

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SIN BORRAR

El olor de la goma de borrar lo tengo anudado en mis recuerdos con una sensación agridulce.

Su aroma suave, junto con el tacto aterciopelado de una goma nueva lo relaciono con el olor a libro nuevo que siempre me ha gustado.

Mi madre no me dejaba usarla todo el tiempo, tenía que elegir qué errores hacer. Corría el riesgo de pasar el tiempo de los deberes escribiendo y borrando constantemente. A ella no le gustaba porque por muy bien que borrara siempre quedaba una marca de lo borrado, la hoja blanca iba tomando un color grisáceo donde antes había algo escrito y mis deberes quedaban hechos una chapuza.

Supongo que desde que los ordenadores y tablets anidan en casas y colegios ya no se venden tanto las gomas, pero no por eso hemos dejado de borrar, qué va. Sólo que ahora borramos otras cosas.

Antes podíamos borrar recuerdos de nuestra memoria, si ésta nos lo permitía, podíamos borrar nombres de nuestra libreta de direcciones, podíamos borrar marcas en las paredes dándoles una mano de pintura… qué se yo!

Pero ahora tenemos ese mundo paralelo que vuela sólo, que está planeando sobre nuestras cabezas sin que podamos controlarlo del todo y nos encontramos con todos esos intentos del que trata de borrar sus palabras o sus actos. Donde antes dábamos una capa de pintura, ahora colgamos una buena sonrisa. Donde dije Digo digo Diego.

Pero ese otro mundo no es humano, no lo es porque no olvida, no borra ni los malos ni los buenos recuerdos. Y no sólo eso, sino que los deja intactos, como si el tiempo no pasara. Y aunque lo sabemos, lo seguimos intentando.