INFIERNO:

Hace unos días que por un lado o por otro, por una causa u otra sale el tema del infierno a colación.

Se han publicado las supuestas declaraciones del Papa Francisco en que dice que “el infierno no existe”. Por supuesto que posteriormente el Vaticano las ha venido a desmentir, para alivio de muchos.

Digo alivio, sí, porque comentando la noticia con un amigo, éste me decía que eso era imposible, que el Papa no podía haber dicho eso, que esas declaraciones son absolutamente incendiarias. Me dice “¿imaginas que no existieran los jueces, ni las cárceles ni el castigo? Pues si el infierno no existiera sería lo mismo y tendríamos que volver a inventarlo, escribir un nuevo Testamento”.

La verdad es que yo siempre tuve más en cuenta la posibilidad del cielo que del infierno. El infierno me ha parecido el destino de los malos malísimos, de esos que uno no suele conocer en persona, algo muy lejano vaya.

Sin embargo todos tenemos nuestro particular infierno:la lesión de rodilla del deportista, la rotura de la caldera en invierno y del aire acondicionado en verano, la enfermedad de un ser querido, la tristeza del melancólico, el aburrimiento del parado, la errancia del refugiado, la vejez del amante de la vida, el cautiverio de un animal salvaje, la página en blanco del escritor, las butacas vacías del actor, el silencio del teléfono del adolescente, las críticas en el niño, la soledad de una tórtola… y ustedes dirán.

Ustedes dirán, cada cual sabe cuál es su infierno particular y claro, también su paraíso particular.

¡Ah! El Papa supuestamente también dijo que las almas no arden en el infierno eternamente! Menos mal que sólo arden por un tiempo..

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