SOL EN LA CONCHA:

En nuestra ciudad el sol sale poco, pero cuando sale sabemos aprovecharlo.

Según los viajeros de TripAdvisor tenemos una de las mejores playas de Europa.

Buena calidad del agua, limpieza, tranquilidad y excelentes servicios públicos.

Una playa de ciudad que permite compaginar el baño con la compra de cualquier cosa que un viajero pueda necesitar. En lugar de un rancio bocadillo, los mejores pintxos a dos minutos. Todo elegido con calidad y buen gusto, con la posibilidad de cambiarte al resguardo de miradas indiscretas en unas carpas de tela rayada vintage. Como ven, un canto a la discreción de la que hacemos gala los vascos.

Todo ello si hace sol, claro.

Donosti es una ciudad en la que no hace falta ni reloj ni comprar agua, es una de sus virtudes. Mires donde mires tienes un reloj y una fuente. Hay casos en que cuando te acercas a beber un trago de agua fresca y tienes la suerte de que salga el sol, ves que la fuente es un reloj de sol.

Lo descubrí hace poco y quedé maravillada, porque mientras bebía agua en la fuente de la Plaza de Cervantes pensaba en qué hora sería y si llegaba a tiempo a mi cita cuando el sol salió a saludar y a responder a mi pregunta. Levanté la mirada buscando una papelera y como llegados de otro mundo, mis ojos toparon con los modernos containers que funcionan con energía solar, su placa daba la bienvenida a la aparición. Y así continué mi camino, pensando en que muchos viajeros han votado que Donosti tiene una de las mejores playas de Europa.

¡Y cómo sabemos aprovecharla!

 

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¿TE GUSTA LO QUE HACES?

Hace unos días hacía zapping frente a la tele y me encontré con un programa sobre gente que se sube a un escenario para hacer lo que ellos creen que hacen bien subidos en él. Casualmente me topé con un personaje que se disponía a cantar, y lo hizo pero que muy muy mal. No sabía cantar, no tenía ni voz ni ritmo musical. Fue como si yo me hubiera subido a un escenario a bailar El lago de los cisnes.

Desde que soy muy pequeña he escuchado en casa la importancia de poder trabajar en lo que a uno le gusta. Siempre me ha parecido algo normal, aunque cada vez me doy más cuenta de que no es tan habitual como yo creía.

Quizás tardé mucho en darme cuenta de que era un mantra tan arraigado en mí que en ningún momento me planteé abandonar en el intento.

Durante el camino he trabajado en muchos lugares donde había muy poco de lo que yo quería hacer en un futuro, pero era un camino, una vía de acceso, siempre lo pensé de esa manera. Era un poco.

Ahora me doy cuenta de lo importante que fue esa convicción.

No todos nacimos con una habilidad especial para hacer lo que nos hubiera gustado, ni todos tuvimos la suerte que hay que tener, por pequeña que sea, para conseguir lo que buscábamos. Pero creo que sabía cuales eran mis límites, nunca pretendí ser Freud, pero sí hacer bien mi trabajo. Y sabía que podía hacerlo bien.

Y hoy en día me encuentro con casos que me interesan más que otros, pero de todos aprendo algo. Sí, de todos. Y en cada uno de ellos me doy cuenta de que estoy haciendo lo que elegí y lo que siempre quise hacer.

 

LA VERDAD DE LA MASA:

Llevamos una temporada en la que se están formando muchas masas. De hecho, con sólo mirar las portadas de los periódicos los últimos 6 meses podríamos ver cómo se han ido batiendo récords históricos en cuanto a tamaño de multitudes se refiere. Algunas de estas manifestaciones multitudinarias han hecho que sus reivindicaciones colectivas hayan superado con creces el nivel ético y moral de muchos de sus asistentes. Pero la última que he podido observar, la convocatoria frente a un cuartel en Almería por el asesinato del pequeño Gabriel, me ha dejado en un estado de asombro y abatimiento.

 

Yo se que en una multitud se borran los rasgos individuales, desapareciendo la personalidad de cada uno de los que lo integran y que a su vez se encuentran nuevas características que antes no existían. Las causas por lo que esto ocurre podrían ser las siguientes:

El individuo en la multitud adquiere, por el número, un sentimiento de potencia invencible, cediendo a instintos ante los que antes se frenaría.

El individuo en multitud sacrifica fácilmente su interés personal al interés colectivo, algo que sólo se hace cuando se está en multitud. Se contagian unos a otros.

La última causa es la sugestibilidad, consecuencia de las dos anteriores e imposible sin ellas.

Y de esta forma, carentes de voluntad interpreto que se presentaron anoche todas esas personas casi pidiendo el linchamiento de otra.

Y mientras tanto una voz nada sola a contracorriente, pidiendo lo contrario de lo que nos pide el cuerpo a cada uno de nosotros, la masa, la multitud. Admirable.

 

NEOLOGISMO DE GUARDERÍA:

Hoy me he reído mucho con un retweet de uno de nuestros académicos de la lengua.

A menudo ocurre que hace referencia a malos usos de una palabra, y aprovecha para ajustar cuentas con el incauto que haya metido la pata.

En el tweet de hoy, una mujer ha criticado el uso que otra ha hecho de la palabra “guardería”. La primera acusaba a la segunda de no defender la educación en nuestro país. En las guardería se guarda a los niños, en las escuelas infantiles se educa, sentenciaba airada la primera. La segunda, imagino que desconcertada, callaba.

Este es sólo un ejemplo de la guerra abierta que estamos presenciando.

Siempre pensé que las lenguas son el último bastión de la libertad, que yo siempre podría utilizar la mía como yo quisiera, mientras no faltara el respeto a nadie. Además, su uso de todas las formas posibles, hablado, escuchado, leído, imaginado, me ha aportado siempre muchas satisfacciones, también disgustos, pero me ha permitido combatir problemas y sobrevivir.

Sin embargo últimamente me encuentro encajonada en ciertos momentos porque parece que hay quien se ha apropiado de algunas palabras, también de su significado. Tal es así que en ocasiones el uso de una palabra que hasta entonces había utilizado sin temor parece situarme en una determinada ideología o en un determinado grupo o color.

Y eso no me gusta nada. Me apresa en vez de liberarme.

Me gusta utilizar las palabras intuyendo que se va a entender lo que quiero decir, aun sabiendo que  existe el riesgo del malentendido. Pero no me gusta esquivar una de ellas por temor a que se entienda lo que algunos pretenden que se entienda.