24 HORAS:

Se acercan las 24 horas de la bacanal donostiarra, la fiesta de nuestra ciudad.

Casualmente leía hoy la noticia de la performance “Mount Olympus” de Jan Fabre. Para los que no hayan leído nada acerca de ella, se trata de una puesta en escena que dura 24 horas, donde el autor quiere lograr la comunión entre actor y espectador que les lleve a la catarsis. Para ello se sirve de diferentes tragedias griegas, todo con el fin de que el espectador tome conciencia de su propia tragedia. Sin duda, una experiencia que pocos podrán disfrutar ya que el espectáculo ya se ha celebrado en Madrid y con 800 espectadores.

Testigos de la obra la califican como “abrumadora, inolvidable, onírica, que te lleva al extremo, impactante, experiencia única”.

Salvando las distancias, me atrevo a decir que el día de La Tamborrada también es una performance ininterrumpida de 24 horas, donde el clamor de los tambores no descansa en lo que dura el día. Y no sólo eso, sino que comienza 15 días antes con los ensayos que se dejan escuchar por  distintos rincones de la ciudad anunciando su llegada.

Para algunos es una bacanal, para otros un sentimiento, un volver a su tierra.

Yo lo interpreto como la necesidad que tiene el donostiarra de expresar el orgullo de sus raíces, la necesidad de aunque sea por un día, estar de acuerdo todos en algo, en la misma cosa.

Al contrario de lo que ocurrió en Mount Olympus, Donosti comienza por la catarsis en la Plaza de la Constitución y dura 24 horas.

24 horas que hacen olvidar los problemas de cada quién para simplemente tocar el tambor y cantar junto a los demás. Que no es poco.

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