TRADICIONES:

Quien recuerde una de mis columnas de la Navidad pasada, La Mesa, sabrá que aquella tabla sobre la que se juntaban todos el día de San Esteban, crecía con el nacimiento de un nuevo miembro de la familia.

Lo que no saben es que para que la mesa pudiera crecer durante la noche, siempre a oscuras y sin testigos, tenía que nacer una nueva tradición entre los componentes de la familia. Existía la creencia en la casa de que las tradiciones están arraigadas en las ilusiones y los nuevos proyectos, en la actividad y la construcción, en los nuevos horizontes de los habitantes. Por esa razón, cada fecha señalada, la cabeza de familia indagaba en ellos para conocer sus planes, para ponerse al día en aquello que no habían podido explicarse en otras ocasiones y poder plasmarlo en el detalle de la nueva tradición. Era el gran belén que durante todo el año aguarda en el basto armario a puerta cerrada quien acompañaba a la abuela en las decisiones navideñas ya que ambos compartían muchos de los secretos de aquella casa.

El año pasado, coincidiendo con la crecida de la familia, una guitarra se unió al festejo.

No es una familia musical y sin embargo de manera sorpresiva, varios miembros sabían tocarla. Y la hicieron sonar, vaya si lo hicieron, acompañada de gallos y desafines propios del efecto del vino y del frío.

La misma guitarra espera este año el abrazo de esta familia, sus cánticos y sus risas. Incluso los tirones con los que se la disputaron el pasado año.

La cabeza de familia está tranquila porque ha nacido una nueva tradición familiar, y con ello se asegura la prolongación de la mesa, la auténtica protagonista de la Navidad en esta familia.

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