STORYTELLING:

Llegué corriendo, mojada por la lluvia y algo tarde a la invitación de un “storytelling”.

En cuanto puse un pie en aquella mullida alfombra del Hotel Villa Soro mis pulsaciones bajaron impactadas por lo acogedor del ambiente y las sonrisas de bienvenida del personal.

Lo organizaba una amiga muy querida. Una persona que mezcla locura y cordura a la perfección, algo muy raro de conocer. También la templanza con la osadía, la determinación con la ternura, la convicción con la empatía, la autonomía con la cercanía. Todo eso le ayudó a idear la reunión.

En un entorno acogedor y cuidado con mimo desfilaron ante mis ojos media decena de personajes que contaron su historia, cada uno aquella que les apeteció de un momento de sus vidas, para transmitir su opinión o enseñanza que ellos sacaron de su vivencia.

Como diría mi padre, fue algo “hermoso” de escuchar y de vivir.

En un espacio muy corto de tiempo pude entender la importancia de la transmisión de padres a hijos, presenciar la pérdida de la inocencia de un joven de 22 años, sentir la libertad del muchacho que viaja solo al extranjero por vez primera, intuir la generosidad del desconocido, sentir el miedo de ser padres. También escuché el sonido de un tren y saboreé un cruasán recién horneado en París.

Todo pasó muy rápido, pero lo que allí ví, lo guardo en la memoria para poder contarlo.

Porque cuando el “storytelling” se repita, volveré a estar presente para escuchar y por qué no, algún día ser yo la que esté en ese lugar.

Les dejo una cita de G. García Marquez.

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Para contarla.

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