LEER DE NOCHE:

Hay quienes sueñan con irse de vacaciones a una playa paradisíaca, a recorrer remotos lugares o a fundirse con la naturaleza de un bosque. No es que yo no sueñe con ello, pero me parece que esos días tardan en llegar y que los necesito antes. Sin embargo tengo un momento del día que me ayuda a desconectar. Es cuando acuesto a mis hijos y les leo el libro que a mi me apetece. Llevo meses leyendoles David Copperfield de Dickens. Lo hago saltando algunos párrafos y añadiendo palabras.

Están fascinados por la rareza del personaje, por las antiguas costumbres, por la cantidad de personajes que desaparecen para volver a escena más adelante trayendo grandes sorpresas, por la variedad de formas de ser que describe Dickens. Echan de menos a la pequeña Emily, el amor infantil de David, que ahora sólo está presente en el recuerdo. Les divierte el excéntrico Dick. No entienden porqué se le considera un loco si siempre sonríe y le gusta jugar.

Han entendido que la Señorita Trotwood es implacable pero buena a la vez, que tiene sus razones para hacer lo que hace y ser como es. Les encanta la idea de poder hablar de alguien que nunca nació y de que a pesar de ello uno pueda imaginar lo que hubiera dicho o hecho como hubiera sido la hermana de David. No pueden creer que un niño tenga que trabajar en una fábrica desde que amanece hasta que se hace de noche para poder sobrevivir, ni que una familia viva mejor en la cárcel que en una casa. Quieren hasta el infinito a Pegotty, la humilde cuidadora de David, dispuesta a sacrificar todo por él a pesar de no tener nada.

Y así, cada noche viajamos a Dover y a Canterbury, mientras dicen haber visto a la Sta. Trotwood corriendo tras uno de sus odiados burros en Matia o al Señor Dick volando una de sus cometas en Ondarreta.

Anuncios

#Metoo:

Hace unos años iba caminando por la calle junto a una grupo de amigas. Nos cruzamos con dos chicos que creo recordar que ni nos miraron, porque ver sí que nos vieron. Lo sé porque en cuanto estuvieron detrás nuestro uno de ellos aprovechó el movimiento acompasado de sus brazos con su paso para agarrarme el trasero lo más fuerte y profundo que pudo.

En varias ocasiones, y varias son decenas, un completo desconocido ha sacado partido del tumulto para tocarme los pechos o para rozar su cuerpo contra el mío. Es algo muy común y frecuente, algo que desgraciadamente he llegado a asumir por ser mujer, casi ya sin incomodidad.

Pero también me han llegado a quitar durante un partido la protección que tiene que llevar un portero de hockey para dárselo a los chicos, cuyo partido comenzaba antes de que terminara el mio.

Creo que tanto yo como cualquier mujer podría enumerar infinitas situaciones desagradables e injustas que ha tenido que vivir por ser mujer.

La campaña #Metoo es un grito común contra el acoso a las mujeres que una vez más se ha puesto en marcha en Estados Unidos respaldada por decenas de mujeres que han sufrido el acoso por parte de un famoso productor de Hollywood. La noticia está servida cuando varias actrices hacen públicas sus vivencias, en este caso de acoso sexual, una cuestión muy grave y que cualquiera puede entender que es denunciable.

Pero a mi me preocupa también que un desconocido te toque el culo con total libertad y naturalidad y que cuando le llamas la atención niegue la voluntariedad del acto. Para que al día siguiente se vuelva a repetir en propias carnes o en carne ajena a manos de cualquier otro.

FUEGO:

Qué difícil resulta hablar de algo que no sea de Eso.
Con Eso me refiero a Cataluña claro. En ocasiones, cuando algo nos preocupa pareciera que sólo eso existe, y todas las demás noticias o intereses pasan a un segundo plano.
Es complicado incluso encontrar noticias diversas y parece que sólo una noticia tan trascendente pueda quitarle protagonismo. En este caso se trata de un incendio en Galicia. Bueno, 150 incendios que están arrasando bosques, campos, pueblos e incluso vidas.
En algún momento pensé que sólo un mundial de fútbol con un equipo lleno de catalanes podría apaciguar las aguas, al más puro estilo sudafricano, pero en su lugar han llegado las llamas reales, el rojo verdadero.
Para los que no hemos visto una guerra, esto es lo más parecido que puedo encontrar. Incendios en medio de una ciudad, una parcela en llamas entre dos casas.Como si el diablo hubiera sobrevolado la tierra de los celtas y hubiese ido señalando con su tridente lugares al azar, sirviéndose de la naturaleza como materia de combustión para iluminar su mezquindad.
Suelo ser bien pensada pero en este caso me resulta imposible. ¿Quién podría querer destruir así su propio mundo? ¿Qué mente se podría ocupar de convertir la tierra en un infierno? ¿Con qué finalidad?
Suelo tratar de pensar en el porqué de las cosas, buscar explicación a algunos aconteceres, aunque sé que no todo tiene explicación y que no todo lo puedo entender. Y el fuego de Galicia es una de estas cosas que me sumen en el desconcierto y el desánimo, una de esas cosas que me hacen perder la esperanza en la humanidad. Para recuperarla momentos después con las proezas de los gallegos.

HAMBRE:

Esta mañana me he despertado con un hambre atroz. Me conozco y sé que el “hambre atroz” es mental, así que he desayunado como siempre. Bueno, quizás me he comido algo dulce además de lo que como cada día, pero no cuenta.

A medida que ha ido avanzando la mañana, la idea del “pintxo de tortilla” con café con leche iba interrumpiendo mis pensamientos y también mi trabajo, para qué les voy a engañar. Así que en cuanto he tenido quince minutitos libres he volado hasta el bar más cercano a cumplir con mi deseo, que estaba muy madrugador. Qué les voy a decir que no sepan ya de semejante almuerzo, es algo que deberíamos exportar. Pero les cuento esto porque cuando todavía no había pasado hora y media de mi super tentempié, la sensación de hambre volvía a molestarme. ¡No puede ser! ¡Pero si tengo la tripa llena!

Entonces me he dado cuenta de lo que estaba pasando: mi cuerpo me estaba pidiendo alegría, pero no alegría física, de esa que puede ser tan fácil de conseguir como un buen abrazo de mi marido, no sólo el pintxo de tortilla con su acompañamiento, o cualquier otra que ustedes se quieran imaginar, no…

Mi cuerpo estaba parasitado por mi mente de tal forma que finalmente la mente ha podido hacerse escuchar para decirme que necesita un poco de descanso de tanta gravedad. Un poco de buen rollo, cambiar de tema de una vez, celebrar la vida, la libertad y por fin… ¡el buen tiempo en Donosti! Así que he dejado de tener la necesidad de engullir para pasar a tener hambre de risas, buena compañía y amor. Además hoy me puedo saciar porque es el cumpleaños de mi cuñada, como una hermana vamos.

EL ACERTIJO

Les voy a narrar una anécdota que llegó un día a mis oídos. Le ocurrió a un amigo, aunque seguramente alguno de ustedes ha escuchado algo parecido alguna vez si es que no lo ha vivido en sus propias carnes.

Ion había comenzado el curso escolar en un colegio nuevo. Todo parecía ir bien hasta que un alumno dos años mayor que él comenzó a molestarlo llamándolo gordo cada día nada más poner un pie en el patio del colegio. Gordo por aquí, gordo por allí. El pequeño Ion se sentía más pequeño cada vez, ya que comenzó a ser conocido como Gordo entre los nuevos compañeros. Ion se sabía gordito, aunque nunca le había importado tanto como en aquellos momentos, ya que hasta que no se lo hicieron ver como algo negativo, él se había sentido cómodo en su gordura. Pero llegó el día en que no quiso ir al cole, no quería escuchar aquel insulto ni una vez más. Interrogado por su padre, Ion explicó lo que le estaba ocurriendo y el porqué de su negativa a acudir al colegio. Una vez hubo explicado no sólo lo que le decían sino cómo le hacía sentir aquella situación, su padre, sin temblarle la voz le dijo: “Mañana tienes que ser rápido, en cuanto veas al niño que te llama Gordo, antes de que abra la boca para saludarte de forma tan descortés, vas y le das dos puñetazos en toda la boca, uno con cada puño”. Seguidamente, le enseñó cómo se dan dos buenos puñetazos. Al día siguiente, Ion llevó a cabo el plan de su padre paso por paso.

Así, Ion consiguió lo que quería, nadie le volvió a llamar Gordo. También consiguió con sus dos golpazos romper varios dientes a su compañero, así como una expulsión de una semana por pegar a otros. ¿Quién era el violento?