La Maleta

Quienes leyeron El Viaje hace dos semanas, recordarán que el protagonista del relato abandona la civilización siguiendo a la Lady Gaga africana.
Y bien, para aquellos que osaron preguntar, decirles que caminaron, caminaron y caminaron.
Atravesaron lenta y sigilosamente la sabana, oyendo respirar a los leones y viendo ñus caer entre sus fauces.
Como ocurre también entre los humanos, pudo ver cómo cada ser actúa según su instinto, y así las hienas trataban de apoderarse del trabajo hecho por los leones y los buitres a su vez barrían con los restos del gran festín para finalmente dejar las migajas a las moscas y gusanos.
Qué hacía él alli? Él, que durante mucho tiempo se había creído capaz de solucionar cualquier problema, tomaba de repente conciencia de su pequeñez, de su fragilidad. Él, que se mofaba de su autonomía, despertaba para encontrarse con su maleta llena de necesidades.
La necesidad de encontrar algo con lo que defenderse se hizo apremiante la primera noche, y lo encontró. No estaba en su pesada y poco práctica maleta. Por eso la abandonó. Estaba escondido en una doblez del recuerdo, lo cotidiano había tapado lo que lo mantenía en pie. Tuvo que ser aquella aventura extraordinaria la que se lo hiciese rescatar.
Aquella primera noche sin techo recordó que lo que lo había mantenido siempre en pie y fuerte, no cabía en su maleta ni en ninguna otra.

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