Despacito

Uno de estos días se estrena en los cines una película sobre el fundador de la famosa cadena de hamburguesas Mc Donald`s.

En nuestro país, no solamente introdujo la hamburguesa, sino también las prisas. Casi se podría decir que las hamburguesas llegaron con la olla a presión que te invita a la prisa y al buen comer.

Ahora que todos estamos acostumbrados a lo rápido, lo inmediato, asumiendo una pérdida de calidad de lo que consumimos, resulta que comienza a ponerse de moda lo contrario, lo lento, el ir despacio, el tomarte el tiempo para disfrutar el momento, aunque tengas que llegar con prisa. Todo natural, ecológico, lo de toda la vida vaya.

Algunos  corren como locos para llegar a su clase de yoga semanal. Llegan estresados y malhumorados con el tráfico, con la falta de sitios donde aparcar y con la cola en el supermercado.

Cada día me tomo el café en un lugar donde tardan 15 minutos en servírmelo, con leche, para llevar. Su ritual de preparación es  comparable al del té en china. Incluso te calientan la taza con agua hirviendo mientras esperas.

Y yo me pregunto, ¿no hay punto medio?, pero alguien muy jóven me da la respuesta: Es la libertad. Tú puedes elegir tomarte un café en vaso de papel quemándote la mano mientras corres al trabajo o tomártelo sentada y calentita mientras charlas con el que te lo ha servido, o lees el periódico con papel de verdad.

Y me vuelvo a preguntar: ¡Ah! ¿pero eso es la libertad? Creo que la respuesta a esta pregunta la dejaré para la semana que viene. Mientras tanto, trataré de que esta canción tan pegadiza abandone mis pensamiento. Despacito…

Anuncios

Un tuit por ejemplo:

Hacía tiempo que la marea no estaba tan baja y tan vacía la playa. Había una persona que caminaba rápido hacia la orilla mientras se mojaba bajo la lluvia y el viento. A través de mi ventana escuché su pensamiento vibrar en los cristales.

¿Ya han pasado cuatro años desde que fue elegido? Todo parecía que iba a cambiar: revivió el voto de pobreza, se abstuvo de juzgar la homosexualiudad, animó a víctimas de abusos por parte de curas a que denunciasen. Ha abierto una cuenta en twitter desde donde manda sus mensajes al mundo. ¡Cada día! El Papa Francisco escribe al menos un tuit al día. Casi ningún mandatario en el mundo lo hace. El mundo ha cambiado un montón en estos 4 años.

¡El ejemplo! Recuerdo un tuit en el que el Papa decía “no subestimemos el valor del ejemplo, porque tiene más fuerza que mil palabras, que miles de likes o retweets, que mil videos de youtube”.

No paro de darle vueltas al tuit: Francisco quiere predicar con el ejemplo, pero está sólo como la persona que veo en la playa, azotado por las inclemecias del tiempo. Y se acerca al oleaje, decidido, con esfuerzo y el viento en su contra. Es de los pocos en la Iglesia que da buen ejemplo. Con la cantidad de problemas que hay que la iglesia podría resolver y darse noticia por ello y sólo escuchamos noticias de curas pervertidos, vemos imágenes de cómo salen acompañados por sus amigos de los juzgados después de haber confesado sus delitos, como si no fueran peligrosos para toda la sociedad, y leemos que la Iglesia los “castiga” en algún convento de retiro espiritual por un tiempo en vez de ir a la cárcel como deberían.

Definitivamente estamos en una nueva era: Predicando con twitter.

Que no te engañen

Hace dos semanas mi hijo mayor me preguntaba qué había que hacer si una niña nacía con pito. Su preocupación era evidente y su hermano pequeño fue añadiendo leña al fuego, haciendo volar su imaginación. Todo eran preguntas que podrían parecer absurdas, sin embargo iban cada vez perfilando mejor la realidad de muchos así como el debate que algunos se han inventado.

Digo “inventado” porque ya la primera pregunta del niño trae una respuesta tan clara que es difícil de obviar: Hay niñas que nacen con pito. Parece una verdad con la que el ser humano nace.

Si sigo escarbando en esa pregunta, me doy cuenta de que quien la hace da por hecho que lo que hay que cambiar no es el ser chica o chico, sino el cuerpo. El que hace la pregunta ve más fácil cambiar el tener que el ser.

Que quien se haga esa pregunta sea un niño de sólo 8 años, que no tiene referencias cercanas de este dilema, me hace pensar que las posibilidades de elegir que tenemos en la vida están demasiado mediatizadas por la educación y las creencias. Mediatizadas en el mal sentido del término, ya que siempre he creído que la educación debería pulirnos para hacernos mejores, para hacer posible una convivencia pacífica, para comprender las diferencias, para tolerar lo que nos es ajeno. Sin embargo, vemos una vez más la incapacidad de algunos para respetar las elecciones individuales, en las que ellos no están tocados o involucrados para nada.

¿Quieren saber cuál fue mi respuesta a esta pregunta?

Les dejé hablar y escuché atentamente, haciéndoles saber que lo que decían y opinaban me importaba mucho, y haciéndoles llegar lo importante que es poder hablar de todo aquello que ignoran, que quieren saber o que pica su curiosidad.

Porque nadie tiene la respuesta a esa pregunta, que no te engañen.