Corriendo

Si corriendo te tranquilizas, te sientes bien, tu mente se despeja y te permite seguir soñando, prueba a no parar de correr.

Corre que llegamos tarde, venga que se nos escapa el autobús, date prisa y acaba el plato, vístete y ponte las zapatillas, una ducha rápida y el pijama que mañana te levantas muy temprano.

No te detengas a ver esa hormiga, cuidado con las flores, no las pises, tampoco te pares a hacerme un ramo, sólo son hojas que en otoño se desprenden de los árboles, no pises el charco con los zapatos nuevos, corre, pásalo bien pero corre, da las gracias, pide por favor, pero corre, venga, que no tenemos todo el día, tenemos que seguir corriendo.

Silencio. Es de noche, todos duermen, parece que hemos parado, los pies me laten de tanto correr, la cabeza sigue corriendo, repasando, rememorando, el tiempo se me escapa de las manos, y hay cosas que pasaron hace tanto y sin embargo parece que fue ayer. Lo malo parece que dura eternamente, que nunca acabará, y lo bueno ocurre corriendo. El reloj se acelera en ocasiones, nunca en los anuncios que interrumpen la película que estoy viendo, que no olvidaré y que me lleva a rememorar que la vi corriendo, que no me detuve, que me perdí los detalles, que no disfruté lo suficiente.

No me hagas caso, no me obedezcas. Hazlo, haz lo que tengas que hacer, pero detente, es sólo un segundo, ese intervalo entre prisa y prisa es el que recordarás.
Corre, pero hazlo en la buena dirección, en esa que te lleva a encontrar las huellas de los que estuvieron antes, a marcar las tuyas propias, sin miedo a que sean claras y otros puedan reconocer. Son tus marcas, eres tú en un segundo que decidiste parar y ver.

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