Miedo Disfrazado

Hace unos años conocí a una persona que temía a los vivos.

A los seres humanos que hablan, ríen, miran, señalan, juegan, mienten y pestañean. No hace falta conocer su lógica para saber que sufría. Le daban miedo algunos logotipos, el llanto de un niño, el infinito. No parecía saber lo que era la muerte, no sabía de su existencia y no la temía.

Aunque este caso es muy extremo, he continuado conociendo a gente que me recuerda a ella, en menor medida, por supuesto, solo en algunos aspectos, pero no difieren tanto de ella. He pensado que ella encarnaba el miedo que todos sentimos alguna vez y tratamos de ocultar, de no ver. Ella no podía, no tenía disfraz.

Hoy nos disfrazamos de muertos vivientes, representamos aquello que atemoriza a muchos seres humanos, lo inexplicable, lo que está fuera de lugar, lo tenebroso y lo desconocido e imaginado. Lo concentramos en un día para poder seguir viviendo sin miedos que nos hagan perder la cabeza. También celebramos la ausencia de los queridos que nos dejaron y que siguen vivos en el recuerdo.

Hoy hay más vivos que nunca en los cementerios, pero no me refiero a los que llevan las flores, sino a los que yacen bajo tierra y vivieron con la suficiente intensidad como para dejar un recuerdo de sí mismos en alguien a quien le merece la pena acercarse a su morada eterna y recordarlo aunque sea hoy. Supongo que por todo esto hoy es el Dia de Todos los Santos, de aquellos que dejaron un recuerdo en alguien, poco importa quién, pero un recuerdo al fin y al cabo.

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