Corriendo

Si corriendo te tranquilizas, te sientes bien, tu mente se despeja y te permite seguir soñando, prueba a no parar de correr.

Corre que llegamos tarde, venga que se nos escapa el autobús, date prisa y acaba el plato, vístete y ponte las zapatillas, una ducha rápida y el pijama que mañana te levantas muy temprano.

No te detengas a ver esa hormiga, cuidado con las flores, no las pises, tampoco te pares a hacerme un ramo, sólo son hojas que en otoño se desprenden de los árboles, no pises el charco con los zapatos nuevos, corre, pásalo bien pero corre, da las gracias, pide por favor, pero corre, venga, que no tenemos todo el día, tenemos que seguir corriendo.

Silencio. Es de noche, todos duermen, parece que hemos parado, los pies me laten de tanto correr, la cabeza sigue corriendo, repasando, rememorando, el tiempo se me escapa de las manos, y hay cosas que pasaron hace tanto y sin embargo parece que fue ayer. Lo malo parece que dura eternamente, que nunca acabará, y lo bueno ocurre corriendo. El reloj se acelera en ocasiones, nunca en los anuncios que interrumpen la película que estoy viendo, que no olvidaré y que me lleva a rememorar que la vi corriendo, que no me detuve, que me perdí los detalles, que no disfruté lo suficiente.

No me hagas caso, no me obedezcas. Hazlo, haz lo que tengas que hacer, pero detente, es sólo un segundo, ese intervalo entre prisa y prisa es el que recordarás.
Corre, pero hazlo en la buena dirección, en esa que te lleva a encontrar las huellas de los que estuvieron antes, a marcar las tuyas propias, sin miedo a que sean claras y otros puedan reconocer. Son tus marcas, eres tú en un segundo que decidiste parar y ver.

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Anuncio Cruel

Hace unos días hablaba con una gran amiga que es además muy buena observadora y capta con sutileza y humor los signos de la actualidad. Conversábamos distraídamente sobre el nuevo anuncio de la Lotería de Navidad. Ella dijo que le parecía un anuncio cruel y despiadado. Para los que todavía no lo hayan visto, narra la historia de Carmina, una maestra jubilada que fruto de una equivocación cree que le ha tocado la Loteria de Navidad.

Cuando la gente a su alrededor se da cuenta de la confusión, en vez de explicarle lo que realmente ha pasado, eligen seguirle el juego. Incluso montan un festejo en el que involucran a todo el pueblo para ahondar en el engaño, para no desilusionar a Carmina. Según mi amiga, la tratan como si fuera tonta. En este anuncio hay muchas cosas que no se entienden, pero hay algo que queda claro, y es que Carmina no es tonta.

En ocasiones tratamos a las personas mayores como si fueran niños, olvidándonos de que han vivido mucho, de que han acumulado experiencias ni soñadas por nosotros. A veces no sabemos ni siquiera quiénes fueron, lo que hicieron en su vida pasada ¡nuestro propios abuelos!

Muchos lloran viendo este anuncio cruel, sin saber por qué. Lo único que puede sacarnos alguna lágrima en este anuncio es el pensamiento de lo que podríamos haber hecho con nuestros mayores y nunca hicimos. Al verlo, no puedo evitar pensar en la cantidad de personas que viven solas en una ciudad que quizás no es la de ellas, lejos de sus recuerdos, de sus fracasos y de sus triunfos.

Dónde puedes llorar

Querida, me preguntaste dónde podías llorar. Tu pregunta ya tenía su respuesta: donde no te viera nadie, donde nadie pudiera ver tus lágrimas. Pero claro, cada lágrima tiene su mensaje, y es un mensaje secreto. Sólo quien las vierte sabe qué las provoca.

Puedes llorar donde puedes llorar, donde sin llamada previa tus lágrimas puedan salir y haya una boca sedienta de sal, un cuerpo dispuesto a abrazarte, una mano presta a asirte fuerte, un frasquito donde las puedas dejar reposar.

Es verdad que no todos pueden ver llorar, de ahí tu incomodidad para poder expresarte. Parece que hacerlo es signo de debilidad, de descontrol o de desgracia.

Llorar puede ser un desahogo pero también una llamada. Una llamada a quien te pueda calmar o a esa parte de ti misma que no se había dado cuenta de la cercanía del límite, del cansancio, del sufrimiento o de la impotencia. Llorar también incluye al otro, al que le toca escuchar, y a esto no todos están dispuestos.

Llamar o pedir pueden ser sinónimos en el mundo del llanto. Y así como no pedimos cualquier cosa a cualquier persona, no podemos llorar en cualquier parte ni frente a cualquiera.

Puedes llorar en el cine, en el teatro, en la ópera, en la iglesia y en el cementerio, puedes llorar en un hombro o en un diván. Incluso en la cocina cortando cebolla puedes llorar.Puedes llorar en el mar, donde tus lágrimas te serán devueltas en una ola llena de energía.

Si tus lágrimas preguntan dónde pueden salir, deja que rueden, que caigan por tus mejillas y que respondan a tu pregunta. Pero intenta que no sea en un bar, en la entrada del colegio de tus hijos, en la cola del supermercado o en un ascensor.
Ya ves que no tengo respuesta para tu pregunta..

La Primera Vez

Mientras salta la noticia de la muerte por coma etílico de una niña de 12 años y todos nos escandalizamos, buceo en internet en busca de noticias similares sin un objetivo concreto.

Me encuentro con testimonios de padres completamente desorientados, que no saben cómo manejar el comportamiento de sus hijos, que no saben cómo poner los límites, que no hablan de sus hijos sino que hablan de lo malo que estos hacen.

Es algo que se repite constantemente, sin variación alguna: no hablan de sus hijos en concreto, sino de su comportamiento anómalo o inadecuado.
 Que alguien se beba una botella entera de ron o de vodka es un suicidio.
Que quien lo haga sea una niña de 12 años, no sea la primera vez y lo sepan varios adultos, es una asesinato.

No sé si esta niña bebía para sentirse llena o para sentirse perdida, no sé si lo hacía para dejar constancia, mediante la botella vacía, del vacío que ella debía de sentir.
Muchas preguntas quedan sin respuesta después de este suceso, pero atención porque no es el único, hay muchas niñas y niños que la primera decisión que tienen que tomar en su vida es decir sí o no a una copa, a un cigarro, a un porro o a una pastilla. A esa edad todos saben que no es bueno para su salud y algunas cosas más, pero no saben porqué deciden lo que deciden. Y saber eso es lo único que les puede salvar de sí mismos y de las malas decisiones que de ellos, desorientados, se desprende.

Claro que si un adulto no sabe esto último, cómo lo va a saber una niña de 12 años a la que se le ha permitido beber repetidamente, con conocimiento de la policía, y según las noticias, sin mayores consecuencias para ella (ni siquiera la de haber podido pensar para seguir eligiendo lo mismo).

Miedo Disfrazado

Hace unos años conocí a una persona que temía a los vivos.

A los seres humanos que hablan, ríen, miran, señalan, juegan, mienten y pestañean. No hace falta conocer su lógica para saber que sufría. Le daban miedo algunos logotipos, el llanto de un niño, el infinito. No parecía saber lo que era la muerte, no sabía de su existencia y no la temía.

Aunque este caso es muy extremo, he continuado conociendo a gente que me recuerda a ella, en menor medida, por supuesto, solo en algunos aspectos, pero no difieren tanto de ella. He pensado que ella encarnaba el miedo que todos sentimos alguna vez y tratamos de ocultar, de no ver. Ella no podía, no tenía disfraz.

Hoy nos disfrazamos de muertos vivientes, representamos aquello que atemoriza a muchos seres humanos, lo inexplicable, lo que está fuera de lugar, lo tenebroso y lo desconocido e imaginado. Lo concentramos en un día para poder seguir viviendo sin miedos que nos hagan perder la cabeza. También celebramos la ausencia de los queridos que nos dejaron y que siguen vivos en el recuerdo.

Hoy hay más vivos que nunca en los cementerios, pero no me refiero a los que llevan las flores, sino a los que yacen bajo tierra y vivieron con la suficiente intensidad como para dejar un recuerdo de sí mismos en alguien a quien le merece la pena acercarse a su morada eterna y recordarlo aunque sea hoy. Supongo que por todo esto hoy es el Dia de Todos los Santos, de aquellos que dejaron un recuerdo en alguien, poco importa quién, pero un recuerdo al fin y al cabo.