La Fe

Recién estamos saliendo de La Semana Santa, esos días del año, junto a la época Navideña, en que parece que la fe cristiana se encuentra más visible para todos.

La Semana Santa y los últimos acontecimientos relacionados con las cuestiones religiosas me han llevado a hacerme algunas preguntas que seguro más de uno de ustedes también se ha hecho.

¿Es la fe exclusiva de las religiones? ¿Se puede enseñar a tenerla? ¿Es algo que se puede perder y volver a encontrar? ¿A qué se tiene fe verdaderamente? ¿Cuando alguien dice creer en alguien, se le puede llamar a eso fe? ¿No es el destinatario de la fe más bien una idea que una persona? ¿Y esa idea no está hecha a nuestra medida, a la medida de cada uno? ¿En qué se diferencia la fe de la esperanza? ¿Y de la confianza? ¿Es más susceptible de manipulación aquel que cree ciegamente en algo? ¿Si la fe puede ser nuestra salvación, porqué se muere y se mata en su nombre?

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El Camino

Esta mañana sales de casa sin pensar en nada en concreto, sin rumbo, aunque tienes muchas cosas que hacer, muchas cosas que atender, pero dejas que tu mente vuele, como tus piernas, porque quieres escuchar el ruido de la ciudad, ese ruido silencioso de los amaneceres y de los madrugadores: el trote amortiguado de las zapatillas del corredor, el cric cric de la bici del vecino que sale cada mañana a la misma hora que tú y que te saluda con una mirada, el viento fresco que te azota levemente y que te hace mirar al cielo y comprobar que hoy también lloverá aunque no todavía, pero no te importa, porque tienes una recta por delante de ti, no hay mucha opción, el camino es el que es, puedes elegir esta acera o la otra, pero tu destino está siete semáforos más allá, aunque no es el momento de pensar qué hay más allá de esas luces. Sigue leyendo

Morir de Vergüenza

“Vergüenza”, “El pacto de la vergüenza”, “Vergüenza de ser europeos”. Son sólo tres titulares de los periódicos de los últimos días describiendo el sentimiento que genera la situación que están viviendo los refugiados en Europa con nuestro consentimiento.

Yo pensaba que la vergüenza estaba cayendo en desuso, ya pocos la sienten, casi nadie habla de ella en primera persona y además la desafían constantemente en las redes sociales, retándola a aparecer, con resultados más bien escasos

Pero parece que todavía queda algo de honor en algunos corazones, en algunas conciencias, y que esta vez no sólo han conseguido sacarla a la luz, sino hacerle frente, aunque todavía no sepamos cómo.

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Petaloso

Petaloso es una palabra inventada por un niño italiano llamado Matteo. Pero no es él el protagonista de la columna de hoy sino la reacción de su profesora Margherita. Cuando fue a corregir la redacción de Matteo, comprobó que había escrito una palabra que no existía, “petaloso”, e intrigada por lo descriptiva y por lo bien construida que estaba, decidió ayudar a Matteo a hacer una consulta a la Academia de la lengua italiana. La respuesta no se hizo esperar y a los pocos días llegaba la misiva en la que ratificaba lo que ya sospechaba Margherita y señalaba que para poder incluirla en la lista de palabras “oficiales”, tenía que ser una palabra que fuera usada por mucha gente.

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