Amigos

Aunque el ser humano se define como un ser naturalmente social, yo tengo mis dudas.

Éstas están fundadas en mi propia experiencia, les cuento:

Por circunstancias de la vida, mi familia y yo tuvimos que emigrar siendo yo muy pequeña. La suerte hizo que los lugares en los que recaímos y las personas que conocimos nos dieran una buena acogida llena de oportunidades, aunque esto siempre iba sazonado de mucho trabajo e ilusión por parte de ellos.

Yo vivía mi vida con normalidad, como cualquier niño que se adapta a todo mientras tenga el cariño y el cuidado cerca, pero pronto me di cuenta de que todo aquello que a mi no me faltaba, podía no ser así con mis padres. Las frecuentes llamadas y sobre todo las visitas de los amigos de mis padres me hacían intuir que ellos habían tenido una vida anterior, una vida que extrañaban y que de vez en cuando volvía a aparecer encarnada en la alegría en la mirada de mi padre, en su voz, en los preparativos que hacía mi madre en casa cuando alguien estaba a punto de llegar. Era una fiesta, la fiesta de la amistad. La emoción se palpaba minutos antes de la llegada de los viajeros, pero la alegría era la luz del día cuando ya estaban en casa. La familiaridad con la que nos trataban a mi y a mis hermanos, como si nos quisieran ya antes de conocernos aun sin habernos visto crecer, me daban una idea de su profunda amistad, de las experiencias vividas juntos, y de la importancia que puede llegar a tener cultivar y conservar los lazos que uno establece con otros a lo largo de la vida.

Entonces intuí que la amistad no solo se crea, sino que se transmite de padres a hijos, y ahora sé que aunque a veces implica renunciar a cosas, siempre merece la pena hacer el esfuerzo de conservarla.

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Un comentario en “Amigos

  1. Querida María,
    Son las 12 del mediodía y llevo desde las 9 releyendo tus escritos. Ayer soñé contigo, soñé con una parte de ti, con un recuerdo. Soñé con algo que había leído hace ya meses, así por casualidad, en mis largas noches de verano cuando el calor seco de Connecticut no me dejaba dormir. En aquellas horas de Facebook, que yo creía perdidas, me topé con tus textos y uno tras otro devoré unos cuantos.
    Hoy me he despertado ansiando volver a leer ese texto que hablaba de las amistades que se heredan, ese que hablaba de la emoción que se siente minutos antes de la llegada de los viajeros. Y es que parece que a mi subconsciente le dio por acordarse de esos días en Santa Rosa, cuando esperábamos al Tío, ese hombre que siempre estaba contento y sonriendo, ese hombre tan elegante que nos compraba cereales de chocolate y nos contaba historias del mono Panchito.

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