La Inocencia

Seguro que todos ustedes conocen a algún adulto que tiene el rasgo de la inocencia.

Es una característica que asociamos con la sencillez, con la falta de maldad, con la confianza y la alegría. Es eso que pocos adultos conservan de su niñez, esa frescura que tienen los niños y que hace que con sus preguntas inocentes se acerquen más a la verdad que cualquiera con un gran conocimiento o experiencia.

Ahora que estamos en la época Navideña, los que tenemos niños cerca, podemos sentir su inocencia de una forma más clara y manifiesta. También nosotros los adultos nos pasamos a ese bando y jugamos con su inocencia para hacerla más grande, para que dure más, porque pobre del que crea que la inocencia es eterna, casi todos hemos experimentado la pérdida de ese mundo de imaginación, de confianza y de ligereza.

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Perdón

¿Saben qué es lo peor del perdón? No llevarlo a cabo.

Hay veces en que ya es demasiado tarde y otras en que ya no importa, pero la mayoría de las veces en que el perdón esta pendiente, ayudaría a acercar a personas y a apaciguar almas.

El malestar de muchos es el sentimiento de culpa, y la culpa no deja dormir, inhibe, tensa, avergüenza, irrita y hace que muchos dejen la solución del problema para otro día y otro y otro. Y es que admitir que uno es culpable de algo significa que se siente responsable del conflicto. Aunque sabe que enfrentarse con la otra parte y pedir perdón puede poner fin a esa carga, hay veces en que eso se torna imposible.

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Mujeres

No quiero escribir un texto feminista, no lo soy.

Sólo algo que nos aliente a no perder oportunidades, a no ponernos límites a lo que queremos hacer por el hecho de ser mujer. El ser no tiene género, aunque lo parezca.

Que los hombres y las mujeres no somos iguales está ya fuera de toda discusión, ahora la pregunta que se plantea es cuándo llegará el momento en que los hombres y las mujeres tengamos los mismos derechos, pero atención, no hablo de los derechos escritos, sino de los que no están escritos, de aquellos que sólo están en la mente de las mujeres.

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Zombis

La semana pasada un amigo viajó a Italia. No me habló del país, sólo de lo que vio.

Centenares de personas, adultos con niños, mayores y animales de compañía caminando por solitarias carreteras enfrentándose al frío, mojados, de noche, sin saber dónde están pero sobre todo a dónde van, qué comerán ni dónde dormirán. Muertos vivientes, zombis errantes sin mayor objetivo que sobrevivir, sin mayor esperanza que llegar a algún lugar donde puedan quedarse y poder dar sentido a lo que han vivido, aunque no lo tenga. No tienen ya un ancla que los mantenga fijados a la realidad, y eso hace que, como a los enfermos mentales graves, sus palabras no tengan una coherencia, sus ojos no detengan la mirada sino que miren más allá de lo que ven, y sus pensamientos los lleven más allá de lo comprensible para el resto. La errancia es una característica que se ha combatido con las costumbres, la cultura y la organización, todo eso de lo que se alejan.

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