¿A qué le tienes miedo?

Cualquiera te dará más de una respuesta a esta pregunta. Uno puede tener miedo a objetos y seres que pueden existir o no, a cosas que podrían pasar, a cosas que nunca pasarán, a situaciones concretas que desvelan algo de nosotros mismos, al dolor, o a la pérdida.

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Cuerpo-Mente

Al burlarnos de una niña en el colegio, una profesora me enseñó que los sentimientos también duelen en el cuerpo, le habíamos hecho daño. Tenía cuatro años y nadie me lo había explicado antes, yo no me había dado cuenta hasta entonces.

Y es que los sentimientos tienen su traducción en el cuerpo, algunos comunes para todos, otros elegidos por cada uno de nosotros.

Entre los comunes para todos y que explican los médicos están por ejemplo, la sudoración de las manos si nos ponemos nerviosos, el enrojecimiento de la piel de la cara frente a algo que nos inhibe, la aceleración del ritmo cardiaco en la impaciencia o el susto, la sensación de “nudo en el estómago” cuando estamos tristes o exigidos.

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El Sueño

Cuando la niña salió del cine, sólo podía ver a aquella princesa reconocida por todos como su princesa. La niña también reconocía a la princesa como la suya, era una necesidad, pero necesitaba algo a lo que agarrarse, su vestido, su corona, una mochila con su imagen, algo que le permitiera seguir soñando. Sin querer se daba cuenta de que poseer algo de su princesa, de alguna manera haría que aquellos que la querían la reconocieran también como única, como su princesa. Todas las niñas necesitan una princesa fuera de ellas para poder sentirse ellas mismas princesas de alguien y de todos.

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El Olvido

¡Qué selectiva es la memoria! También lo es el olvido.

Quién no se ha sorprendido habiendo olvidado caras y nombres que solían ser tan familiares. Y quién no se sorprende cuando recuerda detalles que nunca hubiera pensado que seguían en su memoria. Puede ser imposible recordar la cara de un ser querido fallecido hace un tiempo, pero podemos recordar su olor, la sensación que nos embargaba cuando veíamos su sonrisa o recordar perfectamente sus palabras en un momento determinado. Podemos recordar canciones infantiles o de un anuncio publicitario y haber olvidado el nombre de nuestro osito de peluche.

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