Elegir

Varios eslóganes publicitarios instan a que se compre o se elija rápida y libremente. Existe una exigencia del consumo masivo e instantáneo de la que es difícil deshacerse.

Cuando uno se encuentra en la disyuntiva de elegir entre una cosa y otra, se tienen en cuenta diversos factores que hacen que la balanza se incline hacia un lado u otro.

Si bien tomamos decisiones cientos de veces al día, la atención y el tiempo que ponemos en algunas de ellas es mucho mayor que en otras, y lo sorprendente es que ésta atención no es proporcional a la importancia de la elección.

Últimamente se puede leer en muchos lugares “elegir libremente”, y  parece que esa elección libre nos librara de sus consecuencias, que si se elige de forma libre y rápida se tenga asegurado el acierto de la elección y la consecuente sensación de felicidad. Pero elegir tiene sus consecuencias, y es a causa de estas consecuencias que a veces no deberíamos seguir a pie juntillas la máxima “elige libremente”. Después de cada elección, el individuo se encuentra con su verdad, que acaba emergiendo de manera distinta para cada uno. Y es que a veces se confunde “elegir libremente” con “haz lo que te apetezca”, y la diferencia es muy grande, abismal. Para elegir libremente uno tiene que saber qué necesita, qué quiere e incluso quién es. Cuando se encuentra una respuesta a estas preguntas se hace evidente que no todo es válido para todos, y que “elegir libremente” puede ser un engaño del lenguaje de nuestro tiempo.

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